Los nervios nunca han sido un buen compañero de viaje para conducir. Aunque no todo el mundo los sufre en la misma medida, hay algunos factores que nos llevan directamente a ponernos aún más nerviosos al volante.

Cuando nos ponemos nerviosos al volante nos convertimos en una persona mucho más irascible, el mal temperamento sale a flote y, no solo podemos proliferar insultos y voces, sino que ello puede desencadenar en malos hábitos en la conducción.

Así es, el estrés influye en nuestra forma de conducir. Puedes aumentar la impaciencia e impulsividad, pisando más el acelerador y presentando claramente una menor percepción del riesgo, tener un menor respeto a las normas de circulación, disminuir tu capacidad de atención ante eventualidades, etc. Lo que desembocará en una provocación para los demás conductores, generando un círculo vicioso.

Todo lo que nos pone más nerviosos al volante

Volviendo a la pregunta ¿qué nos pone más nerviosos al volante? Para responderla, debemos considerar numerosos factores que en la carretera escapan a nuestro control y nos provoca estrés. Estos son algunos de ellos:

  • El comportamiento de los demás conductores. Aquí puede haber una larga lista para explicar dicho comportamiento al volante: los adelantamientos, el cambio de carril sin señalizar, tardar en reiniciar la marcha tras un semáforo, mantenerse en el carril izquierdo cuando el derecho está libre, indecisión al incorporarse en un carril de aceleración…¡Paciencia!

Aunque este suele ser la excusa número uno que atribuyen todos los conductores, el estado de nerviosismo que llevemos nosotros mismos puede ser mayor debido a otros factores como…

    • Las prisas y la falta de tiempo
    • Encontrarse en búsqueda de aparcamiento.
    • Las condiciones meteorológicas adversas.
    • La circulación por grandes ciudades.
    • Conducir por trayectos desconocidos.
    • Los ambientes bulliciosos y el ruido persistente, como la insistencia de los claxons.

Además, el ritmo frenético de nuestro día a día, las prisas y la tensión acumulada son condicionantes que no ayudan en absoluto y que en muchas ocasiones se quedan con nosotros frente al volante.

Todo ello incrementa que nos pongamos en una situación de alerta, pero lo cierto es que no nos puede afectar porque de esta forma ponemos en riesgo la seguridad vial y solo puede ser un factor más, entre muchos otros, que eleve las probabilidades de accidentes.

Conducir conlleva una responsabilidad muy importante, debemos mantener una actitud serena que evite conflictos y accidentes que lamentaremos.

Ahora bien, también cabe añadir que el mismo hecho de conducir suele ser una fuente de estrés para muchas personas, sin condicionantes de por medio.

¿Nervios al volante o miedo a conducir?

Es importante saber hacer esta distinción para poder solucionar el problema eficazmente. El hecho de ponernos nerviosos al volante puede deberse en muchos casos a un miedo patológico a conducir, lo cual debe ser tratado por un psicólogo. Esto es algo que padecen muchas personas, especialmente las que no conducen con mucha frecuencia.

Este miedo del que hablamos es conocido como amaxofobia y, según un estudio realizado por la fundación Mapfre, unas 8,5 millones de personas podrían sufrirla en España.

Aunque esta patología tiene predominancia en mujeres mayores de 40 años que no tienen hábito de conducir, el problema se desata cuando se sufre algún siniestro o en personas que actúan con inseguridad y sufren estrés y/o depresión con frecuencia.

Tags: , , ,